12 setembro 2016

Basque Design Museum

 Basque Design Museum

01. ¿Por qué un Museo Vasco del Diseño?

«Todo es diseño. ¡Todo!»
Bajo esta contundente y clara divisa, el diseñador Paul Rand llegó a convertirse en el más eminente de los diseñadores gráficos norteamericanos del pasado siglo. Este pionero nacido en Brooklyn creó logotipos de extraordinaria vitalidad y trascendencia, como los de la empresa informática IBM, el canal de televisión estadounidense ABC, la empresa de mensajería UPS o la de electricidad Westinghouse. Si compañías como Apple o Herman Miller y genios de los negocios como Steve Jobs o A.G. Lafley aprendieron que el diseño es lo primero en una empresa de éxito fue gracias a Rand, quien comenzó su trayectoria profesional como diseñador gráfico en la revista Esquire para finalmente consagrarse como uno de los creadores de imágenes corporativas más reverenciados de nuestra cultura visual.

En 1968, un año después de que Rand diseñara el famoso logotipo de 13 barras de IBM, el Instituto Smithsonian dio un importante paso para reconocer el valor del diseño para el progreso cultural, económico y social. Este prestigioso centro de educación e investigación, administrado y financiado por el Gobierno de los Estados Unidos, llegó a un acuerdo para adquirir las colecciones y la biblioteca del museo Cooper Hewitt. Localizado en Manhattan, el Museo Nacional de Diseño Cooper Hewitt es hoy uno de los 19 museos del Instituto Smithsonian. Se trata del único museo en los Estados Unidos dedicado exclusivamente al diseño contemporáneo e histórico y cuenta en la actualidad con un gran número de creaciones de Paul Rand. Una de las más notorias, del año 1991, es el logotipo de IDEO, la reconocida consultora internacional de innovación y diseño fundada en Palo Alto por David Kelley, Bill Moggridge y Mike Nuttall.

Bill Moggridge abandonó IDEO en el año 2010 para ocuparse, precisamente, de la dirección del Cooper Hewitt y emprender una ambiciosa y visionaria renovación del museo. Este diseñador de origen británico que ayudó a crear el primer ordenador portátil y acuñó el término "diseño de interacción", planteaba dotar al museo de una infraestructura digital mucho más poderosa, capaz de dar sentido a la experiencia de los usuarios y de crear una comunidad fuertemente vinculada.

Finalmente, en diciembre del año 2014, el Cooper Hewitt recibió nuevos visitantes tras una renovación que le mantuvo cerrado durante tres años. La espera mereció la pena. Durante este tiempo, los integrantes del equipo de trabajo tuvieron la ocasión de replantear lo que debe ser en la actualidad un museo de diseño y de explorar las enormes posibilidades del mundo digital en el interior de un espacio físico finito. Pero para llegar hasta ahí, debieron estudiar en primer lugar lo que los objetos del pasado significan realmente para las personas.

Hoy el museo ofrece una experiencia completamente renovada: los visitantes reciben un lápiz digital que les permite coleccionar y guardar sus objetos favoritos a lo largo de las galerías; pueden también transferir sus colecciones a grandes mesas interactivas para explorarlas en detalle o para añadir más objetos, dibujar su propio papel de pared en la Immersion Room o resolver problemas de diseño en el Process Lab. Una enriquecedora experiencia que parte de objetos históricos para proponer, mediante la incorporación de tecnologías interactivas, inmersivas y creativas, un apasionante trayecto hacia el futuro.

Lamentablemente, Bill Moggridge falleció en el año 2012, sin poder disfrutar del impresionante resultado de su proyecto de renovación. Hoy, más que nunca, en el Cooper Hewitt todo es diseño.

Cada vez más sólidas evidencias demuestran que el diseño tiene el potencial de transformar las empresas, dar forma a mejores productos y ofrecer servicios cada vez más eficaces y eficientes. Una gran cantidad de casos de estudio publicados por las más prestigiosas organizaciones internacionales nos ha enseñado que el diseño es un componente imprescindible para estimular el crecimiento regional, el aumento de la productividad, la creación de marcas fuertes, la mejora de la experiencia de las personas y la formulación de nuevos modelos de negocio. Al igual que otros muchos países y regiones, el País Vasco se encuentra ya inmerso en esta dinámica, pero consolidar y mejorar nuestra posición internacional requiere explorar nuevas visiones, y afrontar nuevos desafíos. Quizá el más importante de todos ellos sea la creación de un Museo del Diseño que aporte el impulso decisivo para la transformación del territorio en un referente internacional en innovación, diseño y creatividad.

El País Vasco cuenta ya con una rica cultura empresarial y un importante patrimonio de objetos con un diseño excepcional. El estudio histórico y la exposición “Entrediseños, Euskal Industri Diseinua”, organizada por DZ Centro de Diseño en colaboración con la Asociación de Diseñadores del País Vasco EIDE en el año 1996, ya reconocía la diversidad y la excelencia de nuestras creaciones. El autobús Korosti de Irizar, la llave ajustable de Forjas Irimo, la grapadora M5 de El Casco o cada uno de los numerosos objetos expuestos, ilustraba el papel creciente que el diseño ha jugado en nuestra economía y en nuestra cultura.

Los numerosos museos del diseño existentes en ciudades de todo el mundo no solamente amplían y enriquecen la oferta cultural existente; son también un destacado recurso para estimular la creatividad de los ciudadanos y una extraordinaria guía para impulsar la innovación en empresas y organizaciones.

Para alcanzar este objetivo, el nuevo museo no puede limitarse a ser un medio de contemplación fácil y digerible de imágenes de nuestro pasado, ni una ventana abierta para satisfacer el capricho del nostálgico. Basque Design Museum debe convertirse en un lugar de creación; un centro internacional de investigación y de producción de contenidos; un espacio, en definitiva, que permita conocer el sentido que tuvieron los objetos de nuestro pasado para, desde allí, colaborar en la construcción de nuestro futuro. Porque, como escribió Cicerón en Orator, «desconocer lo que ocurrió antes de nuestro nacimiento es seguir siendo siempre un niño. Porque ¿cuál es el valor de la vida humana si no se relaciona con las vidas de nuestros antepasados a través de lo que nos cuenta la historia?»

Próximamente, en Basque Design Museum: 02. Una tendencia global.
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